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¿Por qué tu piel necesita exfoliación física y química?

La piel necesita respirar y estar limpia para poder regenerarse con facilidad, un proceso que sucede de forma natural en ciclos de aproximadamente 28 días. Es el órgano más grande del cuerpo, el que nos protege del exterior y, sin embargo, mucha gente desatiende sus cuidados, entre ellos la exfoliación.

Hoy en KŌNSE hablaremos de la importancia de la exfoliación y, más interesante aún, sobre las diferencias que hay entre la exfoliación física y la química. ¿Hay que escoger entre ambas, se pueden combinar, cada cuánto es necesario realizarlas…? Hacerse todas estas preguntas es normal, y más en un mundo como el de la cosmética que no para de crecer y reinventarse año tras año.

Primero de todo: ¿qué entendemos por “exfoliar”? Es el proceso por el cual limpiamos la piel en profundidad eliminando la suciedad y, sobre todo, las células muertas.

La exfoliación física puede hacerse con productos de textura áspera (es decir, que contienen micropartículas que arrastran la suciedad y demás), o con herramientas como cepillos, esponjas y otros utensilios faciales. Puede resultar algo agresiva, especialmente si no se realiza con cuidado, pero tradicionalmente ha sido el modo de exfoliación más popular.

Con la exfoliación química, por el contrario, ayudamos a que el proceso natural de regeneración de la piel se agilice gracias a la aplicación de ciertos ingredientes. Muchos ácidos (AHAs/BHAs) cumplen bien esta función, y lo que hacen es facilitar el desprendimiento y disolución de las células muertas y la suciedad.

Exfoliación física y exfoliación química: ¿por qué necesitamos ambas?

Es posible que a estas alturas ya no tengas claro qué es lo mejor para ti: ¿cómo elegir entre exfoliación física y exfoliación química?

Lo primero que debes saber es que cualquier proceso que realices en tu piel puede provocar ciertas alteraciones, así que procura usar productos que estén ideados para tu tipo de piel y sus necesidades (y, en el caso de usar herramientas, usarlas con conocimiento).

Hay productos, como el exfoliante natural de Alex Carro, que combinan en sí ambos tipos de exfoliación. En este caso en concreto, la exfoliación es a la vez física y enzimática (el proceso de exfoliación enzimática es similar al químico, pero usando enzimas en lugar de ingredientes químicos). El resultado que aporta es una piel radiante y luminosa.

Es cierto que el proceso de exfoliación química puede ser menos agresivo, en tanto que no “frotamos” la piel, sino que simplemente aplicamos un activo que retiramos al rato. Sin embargo, un mal uso puede causar hipersensibilidad y enrojecimiento, al igual que una exfoliación física demasiado agresiva, provocaría esos mismos síntomas desagradables.

Podemos entender la combinación de ambas técnicas (exfoliación física + exfoliación química) como la auténtica panacea: no solo estarás ayudando a tu piel de forma externa (exfoliación física), sino también interna (exfoliación química, ayudando a disolver/aflojar la mugre y las células muertas).

Lo que sí tenemos que dejar muy claro es que debe hacerse de forma sensata: no quieres sobreexfoliar la piel ni someterla a demasiados procesos al mismo tiempo. Si usas un exfoliante químico o peeling, espera al menos 24 horas antes de hacerte una exfoliación física (y viceversa).

Como norma general, los exfoliantes físicos no deberían usarse más de una vez a la semana porque pueden reducir la barrera natural protectora de la piel e irritarla.

La mascarilla exfoliante Detoxify de Dafna’s es perfecta para quienes busquen esa exfoliación profunda y no tengan demasiado tiempo para tratamientos: exfolia, minimiza los poros, aporta luminosidad y reduce los efectos de la contaminación en la piel, todo a la vez. Otra genial alternativa puede ser el exfoliante facial en polvo de Wisdom Cares, que promueve una exfoliación suave a la vez que calma la piel.

Sin embargo, hay marcas, como por ejemplo Nuori, que han desarrollado ciertos exfoliantes que puedes usar a diario. Es el caso de su Supreme Polishing Treatment, que se adapta totalmente a tus necesidades y puedes moldear como mejor te convenga a tu rutina (diariamente, cada dos días, una vez a la semana…).

Sea como sea, una cosa está clara: si no habías incluido aún la exfoliación a tu rutina de belleza, deberías considerar hacerlo cuanto antes. Seguro notarás el cambio a mejor, con una piel más tersa, luminosa y suave. Además, una buena exfoliación facilita una mejor absorción del resto de productos que apliques. Es lo que se dice un win-win.

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